Leopoldo Mendívil/México, Estado de chueco…/Confidencial

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(¡Todos contra la corrupción y la impunidad!)

GRAL. SALVADOR CIENFUEGOS,

SECRETARIO DE LA DEFENSA NACIONAL:

+Por la calle del “después”

llegas a la plaza de “nunca”

Luis Coloma

Leopoldo Mendívil.- ¿Sabe usted, secretario Cienfuegos, para qué sirve la libertad de expresión en este país nuestro?

Para nada.

Le transcribo el artículo 7 de nuestra Constitució, que dice:

“Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones.

“Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión, que no tiene más límites que los previstos en el primer párrafo del artículo 6o. de esta Constitución. En ningún caso podrán secuestrarse los bienes utilizados para la difusión de información, opiniones e ideas, como instrumento del delito.”

Claro, directo, completo, preciso, definitivo.

Pero casi totalmente inútil. Todo funcionario de gobierno lo cumple. No se viola ni se restringe la libertad de opinión, información e ideas; no hay censura ni se coarta la libertad de difusión; ni una cuartilla como ninguna rotativa han sido secuestradas a los medios. No es necesario. Usted sabe que ningún periodista va a la cárcel por denunciar, aun cuando mienta. ¿Para qué pelearse con ellos? A’i déjenlos…

Desde varios años a la fecha se practica una conducta específica y eficaz para evitar broncas por cuestiones de prensa, incluidos crímenes de periodistas que van en preocupante ascenso

No se le hace caso. Nadie pela eso -en lenguaje popular ligeramente grosero-. Todo periodista puede acusar hasta deshacerse la garganta; es su derecho a la autodestrucción de sus cuerdas bucales. Allá él…

Y nada se mueve. La denuncia ahí queda, escrita, vista, hablada o las tres y aunque el periodista insista, sus acusaciones se agotan así las apoye con mil pruebas.

… Porque el acusado cuenta con la mejor protección que pueda haber a partir de que si bien las prohibiciones de los artículos sexto y séptimo constitucionales son claras y hasta amenazantes, no hay pena alguna ni legislación secundaria que obligue a los atacantes de la libertad de expresión., a respetarla; ni sus jefes -en caso de tenerlos- pueden obligarlos a algo. Podemos convertir a los émulos de los Duarte, similares y conexos en perfectos inmorales o en verdaderos traidores a sus estados y a la Patria y los lectores, radioescuchas o televidentes convertirlos en sujetos dignos del peor desprecio y ahí se queda la cosa porque a ellos les vale… Y a las autoridades también. Al final del día el periodista, su medio y hasta la opinión pública y la ciudadanía en general, teniendo razón, quedamos rebasados por la… ¿desidia?, ¿incapacidad?, ¿connivencia?, ¿complicidad?, ¿corrupción?. ¿impunidad?, ¿qué..?

Es así como casos de esta índole contribuyen a la descomposición social según su magnitud y gravedad. Usted, general secretario, el viernes pasado, admitió la omisión de diversas autoridades ante el robo de combustibles desde el primer, aislado caso, y “hoy se tiene ese problema en eEL RBO DE COMBUSTIBLESl país…” Para donde volteemos, el cúmulo de situaciones similares o parecidas ha enchuecado al Estado de Derecho mexicano en grado tal que la seguridad, civil y nacional están, como usted y casi todos bien lo sabemos, bajo fuego…

¿Qué sigue..?

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